Hace pocos meses editó un volumen de ilustraciones suyas y del diseñador Américo Sánchez en lo que resultó un intercambio amistoso y experimental. En esta nota, el creador mendocino que junto a Gato Ficcardi le pone su impronta a los vinos, comparte un poco más de su historia.

Nació en San Rafael, y a pesar de que desde niño recuerda una fuerte vinculación con las imágenes, descubrió que su pasión por el diseño surgía en el ejercicio diario, en el aprendizaje constante. Víctor Boldrini (47) es el creador de cientas de etiquetas de vinos y bebidas alcohólicas junto a su amigo y socio Leonardo “Gato” Ficcardi, con quien conforma una sociedad infalible a la hora de presentar las historias que habitan detrás de las botellas.

Sin embargo esta vez la noticia nada tiene que ver con las copas, aunque sí, porque del juego que le propuso hace quince años al diseñador argentino radicado en Barcelona, Américo Sánchez, surgieron decenas de momentos para compartir y motivos por los que brindar. De ese juego de colegas por correo surgió “Postales por avión”, un libro de mensajes ilustrados que da cuenta de un vínculo unido por la forma, el concepto y el color.

En homenaje a uno de los últimos envíos por correo tradicional y al disfrute de compartir, es que editó 300 ejemplares numerados que dan cuenta de sus gustos, dibujos y caprichos.

High: ¿Cómo comenzó este ida y vuelta en imágenes?

Victor Boldrini: Una vez para fin de año hicimos unas estampillas, entonces aproveché la oportunidad para probar suerte y le mandé una a Américo. Eso fue en ‘99; en aquella época vos no tenías idea cuándo llegaba una carta, si es que llegaba, hasta que recibí respuesta suya. Así comenzó un diálogo en imágenes a lo largo de quince años hasta que decidí hacer el libro y lo consulté con él. La idea era materializar este intercambio un tanto nostálgico de cuando todavía circulaban las cartas y la comunicación se daba de otro modo. Durante dos años trabajé en la edición de este volumen hasta que después de mucho esfuerzo llegamos al resultado final.

H: ¿Cómo conociste a Américo Sánchez?

VB: Mirando sus trabajos; al principio pensé que se trataba de una mujer. Américo tiene la edad de mi papá y mi intención no era otra que saludarlo y conocer a una persona a la cual admiraba.

H: ¿Desde chico tuviste en claro que querías ser diseñador?

VB: No sabía muy bien de qué se trataba. Yo nací en San Rafael y me vine a los 18 años a estudiar la carrera sin mucho conocimiento de lo que haría después. De cualquier manera antes tuve que pasar por el servicio militar y en paralelo estudié parte de la carrera, porque no me daba el tiempo para hacer las dos cosas. Después sí, seguí mis estudios en la UNCuyo, pero no tuve idea de lo que haría hasta pasados los primeros años. Yo quería seguir algo vinculado a la arquitectura, la psicología y el dibujo que no tuviera que ver con la matemática. Mi pasión por el diseño se fue dando de a poco o tal vez siempre estuvo pero no supe darle forma.

H: ¿Qué es lo que más disfrutás de tu trabajo?

VB: Lo que me apasiona es tener ideas y poder transmitírselas a otra persona. Ese proceso me resulta maravilloso y contribuir a que eso se enriquezca me parece lo mejor.

H: ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos vinculados a tu profesión?

VB: Durante toda la carrera trabajé; me gustaba. El primer trabajo relacionado con el diseño lo tuve en el Pasaje San Martín y mi tarea consistía en retocar originales de fotocopias, gratis. Después imprimí serigrafías y me involucré en cualquier cosa vinculada a esto; estuve en la editorial de la Universidad Nacional de Cuyo, laburé para el Ministerio de Cultura en un programa de identidad institucional hasta que proyectamos con el Gato Ficcardi nuestro estudio propio. Nos conocimos en la Universidad, nos hicimos amigos y empezamos a trabajar juntos en el ´91. En un primer momento nos llamamos “La chancha y los 20” e hicimos marcas de ropa, productos gastronómicos, libros, bares, de todo un poco.

H: ¿La veta del vino la descubrieron o se dio a través de un encargo?

VB: En la Universidad, en mi época de estudiante, el vino era considerado algo menor. Lo que se transmitía era la idea de la imagen corporativa; las bodegas quedaban relegadas al ámbito de las imprentas. Se estilaba entonces que los que viajaban a Europa trajeran algunas etiquetas en las cuales se inspiraban después o hasta eran copiadas. En nuestro caso se dio a través de un amigo, Flavio Senetiner, con quien hicimos una primera etiqueta de un Santa Isabel Torrontés inspirado en San Telmo que todavía conservamos. Luego de trabajar en la imagen de algunos vinos para comercio exterior, en el 2001 se dio la oportunidad de crecer también en el mercado interno y de superar esos encargos que sobre todo se delegaban a estudios de Buenos Aires.

H: ¿Cuántas etiquetas han realizado en estos años de trabajo? 

VB: Hace tres años expusimos 400, pero por trabajo mínimo hacemos diez versiones, es decir que llevaremos unas 6.000 etiquetas sin contar estos últimos años de trabajo. En 2015 hicimos más de 60 y en el mercado debe haber un mínimo de 600 botellas.

H: ¿Qué se necesita para mantener una sociedad como la que tienen?

VB: Yo creo que sobre todo debe existir respeto, teniendo en cuenta que a veces uno puede tener una idea mejor que la del otro, además de controlar el ego, que en esta profesión es muy fuerte. Me parece que sobre todo la base es pensar como un equipo a pesar de que seamos poquitos.

H: ¿Han surgido trabajos para el exterior? ¿Te gusta viajar?

VB: Sí, hemos trabajado en proyectos para Italia, Estados Unidos, Alemania, Inglaterra o Japón. Me gusta mucho viajar y lo que más disfruto es descubrir y sorprenderme ante lo nuevo. No me gusta ir con la guía ni el itinerario armado. Hago casi lo mismo que acá: entrar en los negocios, ir a museos, cafeterías, librerías, salir a comer y sentarme a mirar; nada sofisticado.

Ping Pong 

Un restaurante: María Antonieta.

Comida Favorita: El asado.

Un vino: El que se comparte con amigos.

Signo del zodíaco: Sagitario.

Hincha de: River.

Programa de TV favorito: Una película: Cinema paradiso.

Una marca de ropa: No soy marquero; compro lo que me gusta.

Quién era tu ídolo de chico?: Algún dibujante que ahora no recuerdo.

¿Instagram, Facebook o Twitter?: No le doy mucha importancia a las redes sociales, pero digamos que Instagram.

Un destino para vacacionar: Voy a decir el último lugar que visité, Alemania.