Durante el receso de verano los adolescentes buscan edificar un espacio propio, ajeno a la mirada de los padres. Las vacaciones con amigos suelen ser el inicio de la autorregulación.

Constituir un espacio propio lejos de la mirada de los padres, donde las decisiones no están determinadas por la palabra adulta, es uno de los aspectos fundamentales que priman en los adolescentes que se van por primera vez de vacaciones sin su familia, momento propicio para “el desasimiento de la autoridad parental”, que en la mayoría de los casos se da entre los 16 y 18 años, según los especialistas.

“El período de las vacaciones es un momento propicio para poner en práctica algo de esto tan ansiado por los jóvenes, que es, ‘el desasimiento de la autoridad parental’ ya que, sobre todo para los que estudian, pero también para los que trabajan y tienen ese periodo de descanso, de pausa respecto a las obligaciones, se plantea una suerte de lo que en antropología se conoce como el momento de la fiesta”.

Así se expresó la psicoanalista Alma Gutman en diálogo con Télam, al reforzar la idea de que las vacaciones son el momento en que los lazos a la ley se relajan y donde, de modo excepcional, lo que está prohibido durante el año lectivo (con sus obligaciones y horarios) se libera de algún modo porque hay “permisos” y uno hace “lo que se le da la gana”.

Los espacios para compartir con amigos a resguardo de la mirada paterna suelen armarse en vacaciones, tanto en un lugar de veraneo como en el barrio, en la esquina o en la casa de algún chico cuando no están los padres. “Creo que ese es el valor que tienen: la constitución y preservación de un espacio propio donde no entra la mirada de los padres”, expresó la especialista.

“Más allá de las diferencias sociales -añadió-, lo que importa es poder crear un espacio donde se comparta con otros, los pares y donde se produce un ‘nos cuidamos entre nosotros’ de algún peligro”.

Destacó que “tal vez el mayor peligro sea ‘cortarse solo’. El hecho de que haya un coqueteo con cierto exceso, en algunos momentos, es parte del juego; el asunto es poder reubicarse, y siempre es preferible que sea en compañía de amigos”.

A su vez, la relación paterna tiene que estar presente como referencia, sostuvo Gutman, para “no librarlos a su propia suerte” y porque es lo que posibilita ese “entrar y salir” en una etapa en que la transgresión es casi un sinónimo de ser joven. Testimonios de adolescentes dan cuenta de esto: “Este año nos vamos a Villa Gesell con mis amigos, tenemos entre 15 y 18 años y es la primera vez que nos vamos, tenemos muchas expectativas, principalmente porque va a ser bastante divertido”, precisó Santiago de 18 años, estudiante de Ramos Mejía.

“El tema de irnos solos nos genera cierta independencia respecto de nuestros padres, y no es que podemos hacer lo que queremos sino que podemos mantener nuestro ritmo y despertarnos e ir a la playa cuando querramos, hacernos nosotros la comida, ir donde querramos, esto es nuevo”, contó Santiago.

Por su parte, Pablo, estudiante de 16 del barrio porteño de Palermo, que por primera vez se va una semana de vacaciones con dos amigos a una quinta que alquiló la madre de uno de ellos, manifestó que si bien está “recontento porque me voy con los pibes”, por otro lado sabe que “tengo que encargarme de todo y soy muy vago. Vamos a tener que cocinar y limpiar”.

Por su parte, Adriana Franco, psicoanalista y docente a cargo de la cátedra Clínica de Niños y Adolescentes de la UBA, coincidió en que “la autorregulación o cuidado del grupo por sus integrantes es mayor sabiendo que no hay adultos que controlan”.

Franco se refirió a los jóvenes de 17 o 18 años, donde los viajes de las vacaciones “implican un despegue de lo familiar y conocido, y un deambular sin rumbo fijo con la ilusión de vivir una aventura diferente”. Para la experta, al terminar el secundario viajar sin los padres “implica una experiencia de crecimiento, de autoconocimiento, de donde no se vuelve como se fue”.

En relación con los padres, señaló a Télam que hay distintas formas de situarse, “por un lado los que abandonan a sus hijos a su libre albedrío y se mimetizan con ellos, y por otro, los que consideran que aún deben cuidarlos y protegerlos”, y añadió que a diferencia de lo que se piensa “en la actualidad los adolescentes están mucho más controlados que en otras épocas”.