Sigue la sangría: más de 150 militares venezolanos desertaron

Cada día son más los uniformados que dejan el país y cruzan hasta Colombia para pedir asilo luego de abandonar las Fuerzas Armadas de Venezuela.

El organismo oficial Migración Colombia informó que el domingo más de 150 miembros de las Fuerzas Armadas de Venezuela cruzaron la frontera y se declararon en rebeldía ante el gobierno del presidente Nicolás Maduro. De este grupo, 96 entraron en Colombia por diferentes puntos de Norte de Santander y 8 por Arauca.

Se trata de militares y policías cuyo rango no fue precisado. “Hasta el momento, Migración Colombia ha atendido a un poco más de cien miembros de las Fuerzas Armadas de Venezuela, que han salido de su país escapando de la dictadura de Maduro”, explicó Migración Colombia en un comunicado, según el diario colombiano El Tiempo.

Las primeras deserciones se produjeron el sábado antes de que la oposición iniciara el envío de ayuda humanitaria desde Colombia hacia territorio colombiano pese a la negativa a aceptarla de las autoridades venezolanas.

La sargenta Carmen Everlin Piñero Martínez, de 33 años, es una de las desertoras de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), a las que pertenecía desde hace 12 años. Relató a la prensa colombiana que tomó la decisión de abandonar Venezuela después de la represión y la violencia que sacudieron el eje limítrofe: “Yo no estaba de acuerdo con muchas de las órdenes que me daban y al interior de las fuerzas armadas hay mucho descontento y miedo. Después de lo que vimos durante este fin de semana, pensé que yo no me enlisté para levantar mis armas contra el pueblo”, relató.

La venezolana contó a El Tiempos que la presión del gobierno chavista infringida sobre sus filas armadas es tan severa que irrumpe hasta en la privacidad de elementos tan personales como lo es un celular. “Siempre nos obligaban a poner imágenes en nuestro celular, y a repetir el lema ‘leales siempre, traidores nunca’”.

Uno de sus compañeros, Lisandro Suárez, uno de los primeros integrante de la GNB en enfundar sus armas y salir de las filas, recordó: “La cosa estaba muy mal. Desde unos nueve años para acá, todo se puso difícil. Nos alimentan como perros, es horrible. A mí ni siquiera me alcanzaba el sueldo de 50.000 pesos colombianos mensuales que ganaba prestando este servicio”.

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