La tasa interanual cayó al 7,7 por mil y se ubica por debajo del promedio total del país. Detección temprana de embarazos de riesgo y control perinatal son las bases del progreso.

Desde que en 1989 se comenzó a medir la tasa de mortalidad infantil, en poco menos de tres décadas se logró reducir del preocupante 24 por mil nacidos vivos a los 7,7 por mil registrados durante 2016. La cifra no solo es la más baja de la historia sino que representa el resultado prometedor de una curva que viene en descenso constante desde 2011.

De acuerdo a datos estadísticos del Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes y el Registro Civil, durante el año pasado se registraron un total de 33.416 nacimientos en alguno de los hospitales estatales y clínicas privadas de la provincia. El número estuvo por debajo en 2.099 nacimientos con respecto a 2015, aunque no se alejó del promedio anual de crecimiento poblacional. En el caso de los decesos, la cantidad también acompañó la disminución, aunque proporcionalmente mayor que los años anteriores, hasta registrar 258 decesos, es decir, 43 menos que el año anterior.

El anuncio fue realizado por el gobernador Alfredo Cornejo, quien aseguró sentirse “orgulloso, porque es el indicador más sensible de la administración de un Estado”. Asimismo, rescató que “no es el logro de un gobierno particular, sino de un sistema de salud comprometido; desde el que conduce la ambulancia, hasta al médico, los enfermeros, los hospitales, etc.”. La ministra de Salud, Claudia Najul, agregó que “la baja del indicador nos muestra que en la provincia de Mendoza la salud materno-infantil es una política de Estado. Desde hace seis años, el indicador viene descendiendo ininterrumpidamente”.

Para replicar esta tarea y no apartarse de la curva decreciente, la ministra insistió en “reforzar  las tareas realizadas hasta ahora con  una red perinatal que posibilita que los embarazos de alto riesgo sean trasladados a los efectores preparados, como lo son el Lagomaggiore y el Paroissien, de modo tal de seguir enfocándonos en la regionalización”.

Mónica Rinaldi, directora de Maternidad e Infancia, precisó que la baja conseguida durante 2016 se enfocó en la prevención de muertes durante la primera semana. El éxito de esta tarea estuvo sustentado en una red que partió desde la detección temprana de los embarazos de riesgo hasta la coordinación de nacimientos en centros regionales especializados.

La funcionaria indicó que el desafío para seguir bajando este indicador es “trabajar para crear conciencia y reducir la cantidad de embarazadas que desertan de los controles”. Este punto se complementa con el pos parto, ya que se “deben mantener controles constantes durante los primeros seis meses de vida de la criatura, pero también de las puérperas, que muchas veces se concentran en su bebé y se descuidan ellas mismas”, añadió.