Lo acusan de explotar a 30 mujeres y él se defiende: «el 8 de marzo les hacía un regalo»

Comenzó el juicio por trata de personas en Pyme Vip. El principal acusado, Sebastián Solé, declaró y dijo que el prostíbulo era una "empresa de servicios". Reconoció que trabajaban con hoteles 5 estrellas y que había sido revisado por distintos organismos oficiales antes de la clausura.

Por Pablo Icardi

Sebastián Solé jura que es incapaz de molestar a una mujer; que repudia la violencia. “Tengo madre, hermanas, una esposa hermosa”, dice.  Por eso, dice Solé, todos los 8 de marzo recorría el centro de Mendoza para comprar un regalo para cada una de sus empleadas. Casi siempre era un reloj. “Las chicas me decían que no sabían qué hacer con tantos relojes”, cuenta sentado, frente a un micrófono y tres jueces que lo miran. Solé también recuerda que a sus chicas, esas que dice defender, les regalaba un huevo de chocolate para pascuas, y caja empresarial para navidad. Él está convencido. “Pyme VIP era una empresa de servicios, como cualquier otra”. Pyme VIP era, en realidad, un prostíbulo que recaudaba millones de pesos y del que eran visitantes ilustres turistas y hombres mendocinos  que luego él blanqueaba comprando inmuebles.

Solé repite. “Estoy en contra de todo tipo de violencia. Tengo madre, hermanas y una hermosa esposa”.  El hombre está acusado de trata de personas y de haber sometido a al menos 30 mujeres a una red de prostitución cuya cara principal era el prostíbulo Pyme VIP. Son las mismas a las que dice haberle regalado un reloj cada 8 de marzo. Se trata de una de las redes de explotación de mujeres más importantes del país, con conexiones en otras provincias y ramificaciones en Chile.  


Ayer comenzó el juicio contra él y sus cómplices. En el inicio del debate sorprendió su actitud: a contramano de lo que le habían recomendado, Solé declaró. Y lo hizo convencido, con un relato desordenado pero que sirvió para entender que en Mendoza la industria ilegal del regenteo de la prostitución es enorme. Entre otras cosas, aseguró que por su local pasaron distintos organismos oficiales que nunca le pusieron ni una multa. Entre ellos la Municipalidad de Capital, la Policía Federal, la Policía de Mendoza y hasta el Ministerio de Salud. Pero además ratificó que no sólo se ofrecían servicios en el local, sino que existían conexiones con los principales hoteles de lujo de Mendoza. “Iban a Hoteles 5 estrellas, los que tienen casino. Los que tienen casino abajo y hotel arriba. El contacto lo hacían los conserjes, los conocidos. Yo conocí las gerencias de los hoteles, pero no acompañaba a las chicas”, explicó. Su prostíbulo quedaba en calle 25 de mayo, frente al hotel Hyatt. Justamente Solé apuntó a ese hotel, aunque sin nombrarlo.

El juicio se realiza en el primer piso de Tribunales Federales. La sala de debate se llena con la cantidad de acusados, querellantes y abogados defensores. Como la sesión inicial fue larga, los acusados fueron esposados y “desesposados” varias veces para entrar y salir. En una sala contigua, separada por un vidrio, los familiares siguen el juicio.


Una empresita

Empresario. Aunque sin un negocio legal. “Yo en 2008 estaba buscando un negocio para hacer que no necesitara mucha inversión. Hice un estudio de mercado y noté que no había un local de nivel, como los que hay en Buenos Aires”, relató Solé al hablar del inicio de su negocio. Antes, asegura, hizo un estudio de mercado y se supo asesorar. “Me asesore. Hablé con “”, dueño de Cocodrilo. También me reuní con Jacobo Winogrand y me dijo que él no tenía problemas, que tiene 2 locales similares en Buenos Aires”, relató ante el tribunal. La pata Cholula le agregó un condimento extra a la historia.



La forma de captar a las mujeres era a través de la “seducción económica”. Para ello el dueño de Pyme VIP invertía en publicidad: pautó en medios nacionales, en diarios, radios y televisión. Pero en muchos casos había engaño detrás. La causa está basada en la nueva ley de trata de personas, que toma en cuenta distintos contextos que son usados para captar y aprovecharse de situaciones de vulnerabilidad de las personas en propio beneficio. Allí el supuesto consentimiento de las víctimas no es tomado como un tema excluyente para calificar el delito de trata de personas. Ayer en el debate Solé repitió que las mujeres que estaban en sus prostíbulos lo hacían por propia voluntad.



Solé puede tener algún problema de memoria. De hecho dijo que el encierro (está preso desde hace 2 años) lo ha complicado. Pero en el expediente figuran testimonios de mujeres que fueron captadas por él. Incluso uno de los testimonios fundamentales es el de una cordobesa a la cual Solé le obligó a tener sexo con él para “saber cómo trabajaba”. La misma mujer fue una de las que denunció amenazas.

La complicidad de las autoridades del Estado también está en juego. En el banquillo hay dos policías federales acusados de cohecho y de partícipes en el delito de trata de personas. Los hombres cobrarban, según la causa, para hacer la vista gorda con lo que pasaba allí adentro. Solé dijo que solamente los conocía y se había tomado un café con ellos. Raro, en su agenda está escrito de puño y letra la frase “pagar milico”, en alusión a la cuota que le tocaba por protección. Pero además hay una foto reveladora: Solé dentro de un móvil policial y con una gorra de la policía. Al parecer eran más que conocidos. Las coimas también eran en especies. La secretaria del juzgado leyó ayer que consta que al menos uno de los policías recibía dinero y también “servicios sexuales” por sus favores.


El inspector municipal Raúl Cuquejo también está en el debate, luego de pasar dos años preso. A él lo acusan de ser parte de la organización y garantizar que el prostóbulo no tuviera problemas por su falta de habilitación. Solé relató ayer de manera insólita su pensamiento al respecto. “Siempre quise tener todo en regla, pero no había categoría para inscribir el loca, ni para poner el blanco el personal”, repitió varias veces. En realidad sí hay una categoría: es la ley 26842 que estipula que lo que él hacía era un delito. 

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