Los jardines de niños son los focos principales de enfermedades respiratorias

Como era esperable, las guardias de los hospitales se saturaron; La bronquiolitis y el virus sincicial son las principales causas; Las claves sobre la prevención.

Por Horacio Yacante

Con la llegada del invierno las consultas por enfermedades respiratorias se intensifican, particularmente en el hospital Humberto Notti. Dentro de la amplia gama de posibilidades, se encuentra la bronquiolitis, una infección que aqueja a niños y que por sus signos exteriores, aumentan la preocupación padres y madres.

La bronquiolitis es una enfermedad infecciosa respiratoria aguda baja muy común entre fines de otoño, invierno y comienzos de primavera, que es producida mayoritariamente por el virus sincicial respiratorio. Se manifiesta clínicamente por obstrucción bronquial y dificultad para exhalar el aire inspirado (que supone el uso de toda la caja torácica). Entre los síntomas más frecuentes se encuentran un aumento de las frecuencias respiratoria y cardíaca, rechazo de los alimentos y falta de conciliación del sueño.

Esta enfermedad prevalece principalmente en niños y niñas de hasta dos años, aunque puede extenderse en algunos casos hasta la edad preescolar y escolar. Existe además, un subgrupo que incluye a bebés con cardiopatías congénitas, inmunodeficiencias, algún tipo de enfermedad pulmonar crónica, prematuros y/o desnutridos, cuyo estado incrementa el riesgo de mortalidad.

Ambientes perjudiciales

De acuerdo al médico neumonólogo pediátrico Luis Parra, del Hospital Notti, los jardines maternales y guarderías componen los ambientes de mayor riesgo de contraer infecciones respiratorias, ya que los niños y niñas encuentran hacinados en un espacio reducido y mantienen un contacto entre niños que favorece el cruce de infecciones.

No obstante, el contagio puede darse también dentro del mismo hogar cuando algún integrante de la familia es fumador. También condicionan negativamente los ambientes calefaccionados con combustibles o leña, sin que haya una adecuada ventilación.

Es importante también que la madre no haya fumado durante su embarazo ni tampoco en la lactancia, ya que la leche materna es fundamental durante los primeros seis meses, aunque también es recomendable –dentro de las posibilidades-, que se extienda hasta cumplir los primeros dos años.

Mantener la limpieza del hogar es de suma importancia para prevenir esta enfermedad, la que debe hacerse con métodos convencionales (agua, detergente y lavandina), y no aerosolizar con desodorantes de ambientes e incluso aquellos que prometen la eliminación de gérmenes. Estos irritan las vías aéreas y aumentan los riesgos.

En el caso de niños de edad escolar, es importante la higiene de las manos cuando vuelve de la escuela, y si atraviesa una enfermedad respiratoria, limitar su contacto con algún hermanito bebé mientras dura la enfermedad, para evitar que tosa cerca de la cara o en el ambiente.

Tratamiento

Una vez que se evidencian los síntomas, se debe concurrir a un centro de salud. Allí encontrarán los tratamientos iniciales, y en caso de ser necesario, tramitarán la internación. Cabe destacar, que la gran mayoría se trata dentro del hogar, y que solo son hospitalizados los menores de tres meses o aquellos que fuercen la caja torácica para respirar.

El tratamiento consiste en un apoyo con oxígeno y asegurar la alimentación por vía oral -si es posible- o intravenosa, hasta que la enfermedad se autolimite. No se administran antibióticos y se lo hospitaliza entonces únicamente para el apoyo y la vigilancia. Está discutido el beneficio del apoyo con aerosoles con broncodilatadores, ya que pueden presentar efectos adversos.

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