La sordera de la tribuna

"Ponerse la gorra". Complicado para el que lo haga, porque a los argentinos no nos gustan las actitudes autoritarias… Las actitudes autoritarias de los otros. Siempre hay alguien que, en momentos de alegría y jolgorio, prefiere ponerse serio y asumir la actitud propia de "un agente de la ley". ¿Qué hacemos? Le ordenamos inmediatamente: “¡Sacate […]

"Ponerse la gorra". Complicado para el que lo haga, porque a los argentinos no nos gustan las actitudes autoritarias… Las actitudes autoritarias de los otros. Siempre hay alguien que, en momentos de alegría y jolgorio, prefiere ponerse serio y asumir la actitud propia de "un agente de la ley". ¿Qué hacemos? Le ordenamos inmediatamente: “¡Sacate la gorra, che!”. Es la terminología que poco identifica a la normativa. La que nos permite, en la mayoría de los casos, vivir entre todos. Personas muertas, un tendal de heridos, el caos de regreso, incendios, roturas. Eso no parecen ser los condimentos de una fiesta. Ahora ya no es necesaria la gorra. Ya fue.

Según los cálculos iniciales de los investigadores, el público presente en el recital de Olavarría del sábado ascendía a 300 mil, cuando el lugar, el predio rural La Colmena, ubicado en un lateral de la ciudad, estaba autorizado para recibir a 200 mil personas. Según otras estimaciones, el público presente podía alcanzar las 400 mil personas pero la cifra será motivo de tareas de peritaje. La cantidad de público que ingresó sin entrada tema puede llegar a alcanzar varias decenas de miles.

El Indio Solari sólo emitió un escueto comunicado a través del Facebook "Virumancia" (uno de sus canales habituales de comunicación) donde remarcó: “Para las familias que esperan a los suyos: Una vez más, de forma irresponsable y mezquina los medios están vendiendo pescado podrido. Por favor no crean todo lo que se dice. Esperamos que con el correr de las horas todos vayan llegando a sus hogares. Viru”.  ¿Y entonces? A tal punto llegó el descontrol que familiares de seguidores del Indio Solari abrieron una página en Facebook para buscar desaparecidos durante y después del recital.

Y eso que hubo tiempo. Como contaba este domingo el periodista Pablo Perantuono para el diario La Nación: "Para los viejos seguidores de los Redondos, todo tenía la misma y oscura carga energética de antaño: la sensación de que cualquier cosa podía pasar, el destino dependía de unos dados lanzados al aire... Algo demasiado grande, demasiado abismal para seguir latiendo".

Mientras, que el mito siga. Dale nomás. Ayer, en la parte de atrás del Vox, nuestro editor periodístico Gonzalo Ruiz (que bastante conoce los matices que se presentan en las misas ricoteras) destacó una de las frases del Indio que se transformó en banderas, tatuajes, grafitis, y dice: “En manos de pavotes, todo el sueño quedó. Disfruta los placeres que te quedan sin dañar”. "La seguiremos cantando mientras seguimos dañando todo lo que nos da placer. Porque en este país nunca aprendemos" agregó nuestro coordinador periodístico. Y un segundo nos alcanza para sacarnos la gorra y dejar de ejercer la sordera de la tribuna. Como parafrasea el título que identifica la tapa de Página 12 ayer lunes: "Una noche de cristal que se hizo añicos".