Julián López: “Mi ilusión era poder escribir una novela de amor y de Buenos Aires”

“La ilusión de los mamíferos”, la nueva novela del escritor argentino Julián López, se mueve entre la respiración lírica, el género epistolar y la oralidad para contar una intensa historia de amor, dolor y pérdida entre dos hombres que se ocultan para darle lugar a su deseo y que celebran un encuentro tan fugaz como eterno.

Publicada por Random House, la novela avanza con lenguaje poético por una Buenos Aires cargada de soledad y construye una voz que le habla a un otro que ya no está pero que sin embargo no deja de estar presente en la memoria, el deseo, la evocación, el dolor y en el amor que se vive como algo definitivo y total.

Julián López (Buenos Aires, 1965) es autor del libro de poemas “Bienamado” y de la novela “Una muchacha muy bella”, que fue publicada primero en Eterna Cadencia en la Argentina y luego en Holanda, Francia y los Estados Unidos.

-¿Cuál fue el origen de esta novela?

- Julián López: Venía de “Una muchacha muy bella”, que funcionó bien pero que, en algún lugar, me saturó la experiencia de la escritura: no podía escribir. Lo único que podía hacer era estar en Facebook todo el día boludeando. Eso me empezó a angustiar y entonces me impuse una escritura improvisada todos los domingos a la mañana. En un momento, me di cuenta de que esos textos pertenecían a un universo común, que tenían que ver con lo epistolar, con alguien que le hablaba a un otro y que claramente era una historia de amor.

- Si bien es una novela que narra una pérdida crucial, es también la historia de una experiencia que no se puede olvidar

- J.L.: Es la aceptación de que eso que se perdió va a ser para siempre; el personaje lo dice: voy a envejecer con un hombre. Es la idea de una experiencia tan fundamental que de alguna manera clausura las demás. Mi gran ilusión era poder escribir una novela de amor y una novela de Buenos Aires. Esta ciudad me deslumbra. A veces pienso que es de lo único que hablo. Me parecía que era demasiado ambicioso el proyecto hasta que me di cuenta de que se trataba de un recorte de la ciudad.

- El amor como modo de vincularse en una ciudad que se impone recuerda, en un punto, a un autor poco visitado estos días: Julio Cortázar. ¿Tuvo algún impacto en tu obra?

- J.L.: Para mí Cortázar es como un ser querido que excede cualquier idea de la literatura. No fue una referencia particular, pero hace un par de años releí sus cuentos y me pasó algo paradojal: por un lado encontraba cosas que me parecían viejas y, por otro lado, algunas muy actuales. Con respecto a la ciudad, a los 16 años conocí la plaza Roberto Arlt -que aparece en el libro-, y quedé muy impactado con esa especie de jardín paradisíaco y miserable en medio del centro de Buenos Aires, y que fuera Roberto Arlt me parecía de una elocuencia impresionante. En ese momento estudiaba cine y propuse hacer algo con esa plaza. La propuesta fue desechada ampliamente, pero me quedé con la idea de hacer algo con eso. Ahora está en el libro.

- T: En esa segunda persona lírica que le habla a un otro se puede ver el trabajo con la poesía, una respiración particular…

- J.L.: A propósito de la textura lírica y poética me marcó mucho la obra de Néstor Sánchez, donde también está la presencia de una Buenos Aires fantasmática. La primera página de “Nosotros dos” es una página de altísima literatura: una idea de la ciudad interrumpida por una trama dolorosa. Otra lectura fundamental en ese sentido fue Marguerite Yourcenar: la idea de una voz absolutamente lírica que sin embargo no es poesía, sobre todo con “Memorias de Adriano”: una boca que se abre para contar la historia de una historia. Más que las tramas, lo que siempre estoy buscando es cómo me cuentan las historias.

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