Hay futuro

Los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 no sólo dejaron la mejor cosecha de medallas en la historia del deporte argentino, sino también la certeza de que, en varias disciplinas, existe un interesante recambio generacional. Entre promesas destacadas en un apreciable y si se quiere insospechado número de medallas y entre el puñado […]

Los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 no sólo dejaron la mejor cosecha de medallas en la historia del deporte argentino, sino también la certeza de que, en varias disciplinas, existe un interesante recambio generacional.

Entre promesas destacadas en un apreciable y si se quiere insospechado número de medallas y entre el puñado de nombres que invitan a soñar con altas cumbres se recortan la bonaerense Delfina Pignatiello y el entrerriano Nazareno Sasia.

He ahí las dos medidas más altas en clave albiceleste y las que con mayor nitidez tienen con qué crecer en tiempo y forma, y ganarse un lugar en la elite de sus respectivas disciplinas, esto es, en la fragua de mayores y en los Juegos Olímpicos.

La muchacha de San Isidro es a todas luces la aparición más luminosa no ya de su deporte, la natación, sino del deporte argentino propiamente dicho.

Calu, tal como la llaman sus íntimos, confirmó con creces la valía que representa su condición de bicampeona juvenil con las sendas medallas plateadas que cosechó en 400 y 800 libres.

¿Cuáles son sus mayores atributos?

La cajita feliz: la bendición de la Madre Naturaleza, disciplina para entrenarse y cabeza fuerte a la hora de competir.

Ganadora del Olimpia de Oro de 2017, Delfina es la misma que dedicó una de sus medallas a su abuela fallecida la semana anterior, la que paladea su revancha con la húngara Ajna Kesely, la que cada madrugada se levanta a las 5, se zambulle en la pileta y hace todas las pasadas que sean necesarias.

A la que su entrenador, Juan Carlos Martín, el Gallego, define como a una tocada por la varita mágica: “Ella avanza sin patadas, sus movimientos son naturales. Es un corchito. Genética pura”.

Menos urgido para su eventual despegue, Sasia se desempeña en una disciplina, la del lanzamiento de bala, que ofrece la posibilidad de una maduración de plazos más extendidos y, si se quiere, más paciente.

Nacido en Cerrito, a 50 kilómetros de Paraná, pasó del fútbol al básquet y del básquet a una especialidad en la que acaso no brille en los Juegos de Tokio, pero por qué no en los de París 2024.

Líder del ranking mundial de su categoría, Sasia comparte entrenador con el máximo exponente nacional en materia de lanzamientos, Germán Lauro, quien amén de dar por descontado que estamos en presencia de un gran atleta advierte que “no hay que tirarse de cabeza, hay que esperarlo cinco o seis años”.

Pignatiello, Sasia, y después, ¿quién o quiénes?

¿Las chicas del beach handball? ¿Los tenistas Facundo Díaz Acosta y Sebastián Báez? ¿El marplatense Mauro Zelayeta y el mendocino Bautista Amieva en beach voley?

¿Algunas leoncitas?

Tal vez, así como tal vez el entrerriano Brian Arregui esté llamado a dar un inmenso salto de calidad que reconcilie al boxeo argentino con su rica tradición.

Por lo pronto, cuando venció al marroquí Yassine Elouarz en el Pabellón Oceanía del Parque Olímpico de Villa Soldati sumó la primera medalla olímpica desde la del cuyano Pablo Chacón en los Juegos de mayores de Atlanta 1996 y la primera dorada desde Londres 1948.

Aun lejos de su cresta de la ola, el pugilismo argentino olímpico no ha dejado de encabezar el escalafón de medallas en general y de oro en particular, un total de siete.

Originario de Villaguay y padre de Briana, de un año, a sus jóvenes 18 el entrañable Arregui ha tocado la cumbre en la división de los 69 kilos y ahora será cuestión de ver si apunta a Tokio 2020 o salta a las arenas del profesionalismo.

Fuente: SomosTélam

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