La política, la cultura, la religión. La sociedad marcada por esos espacios de tiempo muy especiales.

La política, la cultura, la religión. La sociedad marcada por esos espacios de tiempo muy especiales. Octubre del 2017, con los 100 años de la Revolución Soviética, una que está marcada a fuego en el calendario. Aquella que en octubre (en realidad hay referentes de la historia que la marcan un 7 de noviembre) tomara el poder en nombre del proletariado. Encabezada por Lenin y Trotsky, instauró un régimen socialista que se mantuvo (con muchos matices) en el poder, hasta 1990, días más, días menos.

Pero la semana pasada (el martes) la cosa en Rusia tuvo un perfil muy bajo comparado con épocas soviéticas: el aniversario de la Revolución de Octubre (según el calendario juliano en vigor en 1917), era celebrado con toda la pompa, con un inmenso desfile militar en la Plaza Roja cada 7 de noviembre. El programa fue bastante modesto, con exposiciones y coloquios con especialistas, realizado en coincidencia con un momento en que el Kremlin se ha propuesto evitar glorificar un cambio de régimen por la fuerza y ha consolidado sus críticas al comunismo.

La cultura va por ahí, con una revolución como concepto vago para los jóvenes (especialmente en Rusia) de 18 a 20 años. Si les suena algún personaje, como la princesa Anastasia o el monje Rasputín, es sobre todo, por los juegos de ordenador y las películas de dibujos animados. Y es ahí, en la cultura actual y sus herramientas, donde se busca también reactivar la historia, para despertar la curiosidad de las nuevas generaciones. Así trabajan en Project1917, una iniciativa que imita el formato de una red social (mensajes cortos y frecuentes) para narrar la cotidianidad de 1917. Un periodista (animate a deletrear: Mijáil Zygar) y su equipo de historiadores y guionistas, basándose en documentos de la época, le ponen voz a personajes históricos que, al relacionarse virtualmente, recrean la pluralidad ambiental sofocada después por el terror. Con este formato, los jóvenes rusos pueden comprender qué supuso la revolución, sin separarse de sus smartphones. Es como entrarle a la historia dura con “una que sepamos todos”.

La semana pasada exclusivamente la discusión no pasaba por Rusia o la ex Unión Soviética. No. Para varios sectores, defender la vigencia de la Revolución Rusa aparece como una tarea de improbable éxito. “¿Quién defiende hoy la primera revolución obrera triunfante, el paso al poder de un gobierno de trabajadores que llevó al inicio de una transición hacia una sociedad sin clases?” se preguntaba el martes pasado el historiador y dirigente del Partido Obrero Christian Rath, en una nota publicada por el exnerviosho Clarín. “Todo como perspectiva de un quiebre que inició la construcción de una nueva sociedad y en un período histórico de guerras y crisis. No por casualidad el semanario más importante del capital financiero (The Economist, pero en diciembre pasado) tituló ‘Las similitudes del mundo que produjo la Revolución Rusa son demasiado grandes como para sentirse cómodos’”.