Los contrataron para jugar hockey en Suiza, pero había un engaño detrás

Julián, junto a otros mendocinos, fueron contratados para jugar al hockey en Suiza, pero una vez allá quisieron obligarlos a trabajar como obreros de la construcción, con un régimen durísimo.

Julián Martínez aprendió a patinar casi antes que a caminar. Fue a los tres años y por contagio: todos en su familia juegan al hockey sobre patines y por eso no era extraño que, dos décadas después, tenga su pasaporte sellado en Europa, luego de haberse criado en el club Petroleros de Godoy Cruz.

Pero lo que Julián y otros jóvenes mendocinos no se imaginaron es que el deporte podría ser una máscara para el engaño: los contrataron para jugar al hockey, pero una vez en el viejo continente quisieron obligarlos a trabajar como obreros de la construcción, con un régimen durísimo. Tomando los prejuicios que cada uno puede tener, los que les pasó puede llamar la atención aún más, pues todo ocurrió en Suiza, uno de los países tomados como ejemplo de desarrollo económico y donde curiosamente está la sede de la Organización Internacional del Trabajo.

La historia comenzó el año pasado. Julián jugaba en Social San Juan y le llegó la oportunidad que buscaba: un intermediario le propuso viajar a Suiza para jugar y abrirse camino en Europa. No había mucho que sospechar: el nexo era un suizo que incluso jugó en Argentina y con el que había confianza. El trato se hizo y Julián viajó junto a otros dos mendocinos, dejando en suspenso la carrera de ingeniería agraria y el resto de su vida en Mendoza.

Las primeras semanas fueron convencionales. Pero luego aparecieron los problemas.  Una mañana los trasladaron a una obra en construcción. “Me dijeron o trabajás acá ochohoras, cuatro días a la semana, o te vas”, recuerda Julián.  A las ocho horas de trabajo en la obra había que sumarle dos horas de viaje de ida y otras dos horas de viaje de vuelta. Al regreso, los jugadores debían entrenar, prepararse físicamente y estar a disposición del entrenador del equipo. Todo por el mismo sueldo. Dos de los jóvenes se negaron y se fueron. Pero al intentar jugar en otro club de Europa, la empresa Suiza le bloqueó el pase a Julián como represalia, impidiéndole la posibilidad de ejercer su actividad en Europa.

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Desde la Federación Sanjuanina de Patín explicaron a Diario Vox que han tenido algunos problemas con contratos, pero no se trata de una generalidad.

Relojes suizos

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Suiza tiene uno de los PBI per cápita más altos del mundo y también el salario mínimo más elevado de Europa. El contrato era con el club RHC Basel, de Basilea. En Mendoza el hockey sobre patines es un deporte de club. Es decir, donde las familias hacen vida social a su alrededor y hay una organización. En Suiza las cosas son distintas, pues son empresas que muchas veces sirven de mascarón para otras cosas. Aparecen y de un día para otro pueden desaparecer.

En el caso del Basel el titular es el empresario Roger Erlher, que tiene constructoras y agencias de autos. Justamente ambas empresas figuran en un anexo del contrato que firmaron y esa es la cuña legal de la que se sostiene el club. “Funciones adicionales  Trabajo temporal en la empresa Ehrler Automobile GmbH. Trabajo temporal en la empresa CIC Compagnie d’Investissements et de Construction SA”, dicen los documentos. El intermediario opera a través de la empresa sportcom-solutions, que se dedica a captar jugadores y al marketing deportivo. “El contrato hablaba de lo deportivo y en la última página se menciona a la constructora y otras cosas. Siempre pensamos que si trabajábamos era en el club, ayudando en tareas que tengan que ver con el hockey.  En suiza la mayoría trabaja. Me enteré ahí que es así. Nunca tuvimos problemas con el pago, cumplieron. Pero querían que hiciéramos dos trabajos por uno”, asegura Julián.

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Diario Vox se comunicó con el intermediario, Simón von Allmen. El hombre, que pertenece a la empresa Sportcom, asegura que no hubo mala intención. “En Suiza es normal que los jugadores no solamente juegan hockey, tienen que trabajar para ganar su dinero. Los tres sabían que tenían que hacer trabajos como ayudantes en la construcción. Cuando digo ‘construcción’ me refiero a manejo de máquinas y  herramientas;  un trabajo totalmente diferente que la construcción en Argentina. Lo hablaron conmigo y sale en el contrato”, aseguró el empresario. “Lo que yo puedo decir es que todo era  complicado porque en Argentina todo el mundo quiso ganar un poco de plata con estos chicos. El Basel pagó para liberarlos de Argentina tres veces diferentes precios para recibir lo mismo”, denunció Simon, que aseguró que trató de “ayudar a los chicos” lo más que pudo.

Si ese contrato estuviera bajo normas argentinas, el caso podría encuadrarse en el marco de la ley 26842 de trata de personas por explotación laboral. Allí, por ejemplo, se establece que el consentimiento para un trabajo no es atenuante para el acusado cuando hay una situación explícita de abuso. “El consentimiento dado por la víctima no constituirá en ningún caso causal de eximición de responsabilidad penal, civil o administrativa”, dice la norma.

Los jugadores mendocinos llegaron en septiembre del año pasado a Suiza, en las vísperas a la llegada del frío intenso. Aunque aseguran que todo “parece perfecto”, la vida en ese país es dura. “Son todos robotitos y la ciudad es hermosa. Pero es muy frío todo, el trato con la gente es distinto”, recuerda Julián. Los tres vivían en realidad en Francia, pero a una cuadra del límite con Suiza y a pocos metros de la frontera con Alemania.

Si desde Argentina se pueden tener prejuicios sobre la “perfección” suiza, a la inversa también funciona. “El dueño del club creía que porque venías de Argentina ibas a soportar cualquier cosa. Tienen la idea que acá estás en la miseria. Nos mandó a decir que íbamos a estar mejor que en Argentina”, recuerda Julián, que sigue con los patines puestos y ahora juega en Giol, mientras termina su carrera universitaria.

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