Su último libro, "La herida", desterró hace semanas del primer puesto de los rankings al escritor norteamericano Dan Brown.

“La Herida”, último libro del periodista y escritor Jorge Fernández Díaz, un entramado de persecuciones, deslealtades y traiciones donde la muerte ronda a los personajes con el agente Remil a la cabeza, desterró hace semanas del primer puesto de los rankings al escritor norteamericano Dan Brown, lo que habla a las claras del interés de los lectores locales por conocer el lado oculto de la alta política y los engranajes del poder.

Para esta entrega, Fernández Díaz volvió a sacar al ruedo a Remil, ese agente despiadado, ex combatiente de Malvinas, al que rodeó de ocho mujeres que en algún momento caerán en sus brazos, aunque ninguna logrará ganarle el corazón.

Así es como cobran vida “Belda”, la operadora política; “Diana”, una diva perversa; “la Inglesa”, una periodista idealista; y “Mariela”, la monja que desaparece y da comienzo a esta historia.

- Télam: ¿El periodismo le quedó corto para contar historias?

- Jorge Fernández Díaz: No, sucede que fui escritor de ficciones mucho antes de ser periodista. Pero los límites del periodismo para contar fenómenos mafiosos o sentimentales de la vida privada siempre fueron, para mí, un aliciente para cruzar esas fronteras con las armas de la ficción. Allí donde el periodista se detenía, el novelista avanzaba.

- T: Hace varias semanas está primero en la lista de los libros más vendidos. ¿Los lectores lo eligen por su credibilidad o porque saben que va a contarles cosas que como periodista no puede?

- J.F.D.: La Argentina es el único país de Iberoamérica donde Dan Brown no va primero en ventas. “La herida” lo pasó por arriba. “¿Quién es el argentino que derrotó a Dan Brown?”, se preguntan los editores en los foros internos. A mí todo eso me divierte mucho. “Mamá” ya había vendido más de 190.000 ejemplares, “La logia de Cádiz” y “El puñal” vendieron 90.000 cada uno. Son cifras increíbles para el género novela en nuestro país. Y el éxito de “La herida”, por lo tanto, solo es producto de ese largo trabajo, veinte años, donde los lectores me fueron acompañando en el gusto por leer novelas populares argentinas, pero libres de clichés. Mi modelo ha estado en la literatura clásica, pero también en el cine que tanto me influyó y me sigue fascinando.

- T: ¿En qué posición lo coloca ser la persona que deja a la vista la punta del ovillo de temas tan delicados como los que expone en tus textos?

- J.F.D.: Las historias de Remil no son novelas en clave. Cada personaje es ficticio, y cada situación es imaginada. Pero sí es cierto que todo está basado en conocimiento, experiencias, confidencias, documentación, expedientes que me sirven para crear equivalencias literarias. Son novelas de espías y de aventuras, pero también thrillers políticos, cruzados siempre por un fuerte sabor a realidad. Muchos lectores me han dicho que se han metido gozosamente en esas tramas, y que les parecía al principio que eran “una de espías”. Pero que invariablemente había un momento de la lectura en que sentían un escalofrío: “La Argentina es esto”, se decían.

- T: Hay situaciones narradas en su libro que nos describen al dedillo como país... ¿no tiene miedo a algún tipo de represalia?

- J.F.D.: Francamente, en este país te pueden matar por algo que imaginas. Pero no siento miedo por eso. Creo que a las mafias lo que más les inquieta es el periodismo de investigación: nombre, apellido y datos concretos. Esta visión de fenómeno los tiene sin cuidado. Aun así, este tipo de narraciones ayuda a entender más profundamente a qué aberraciones se enfrenta la democracia.