En la punta de la lengua: nos invaden desde afuera (y desde adentro?)

“¿Vos a que te dedicás en el diario?” me pregunta Jorge, un cercano con el que compartimos otras actividades, ajenas al periodismo. “Eh… A la informalidad, obvio” le respondo, tratando de titubear lo menos posible, y respaldando a un rubro poco reconocido pero sumamente necesario a la comunicación cotidiana en los tiempos que corren.“Entonces ese espacio podría se […]
“¿Vos a que te dedicás en el diario?” me pregunta Jorge, un cercano con el que compartimos otras actividades, ajenas al periodismo. “Eh… A la informalidad, obvio” le respondo, tratando de titubear lo menos posible, y respaldando a un rubro poco reconocido pero sumamente necesario a la comunicación cotidiana en los tiempos que corren.“Entonces ese espacio podría se el indicado para tratar este tema, que por lo general queda afuera de cuanto análisis objetivo de la realidad se conoce habitualmente por los medios” me dice.
Jorge está cansado de la invasión de palabras, en esta ida y vuelta del intercambio comunicativo en todos los niveles. Porque nuestra manera de identificarnos, que es en castellano, o español, permanentemente se siente invadida por expresiones foráneas.
"WhatsApp", "power point", "trending topic", "crowdfunding" y tantas otras cercanas a la tecnología (como si nuestro idioma no pudiera adaptarse a la avanzada), con algunos términos, como "biper", "smartphone", "tablet" o "notebook". Ejemplos que podrían multiplicarse, como el caso de los deportes, con palabras como "footing", "jogging", que dan lugar, entre nosotros, a vocablos tan estúpidos como lo que quieren significar... "Balconing" (saltar de un balcón, normalmente en estado de ebriedad) y "puenting" (tirarse desde un puente atado de una cuerda elástica para experimentar la emoción de la caída al vacío). "Se me ocurrió todo esto por un ejemplo más común y mucho más utilizado. Estaba en una extensa reunión sobre determinados temas de laburo, y en un momento uno de los coordinadores del encuentro avisó que no íbamos a tomar un 'break', para descomprimir un poco y retomar la tarea en unos minutos" remarca Jorge. Y es cierto, se nos hace habitual... ¿Why?
Si bien uno puede tener una posición tomada, que mejor que respaldarse en la palabra de los entendidos, para tratar de entender y sumar al debate, como corresponde. Un periodista español identificado como Joaquín Rábago, a través de “Faro de Vigo”, una publicación digital, destaca que “la lengua siempre fue la compañera del imperio, y hoy, el imperio ya no lo es (únicamente) por la fuerza de las armas sino por la economía, la publicidad, el comercio, la capacidad de innovación tecnológica y, en general, la difusión de la cultura de masas. Y el imperio se expresa en el inglés de los Estados Unidos de América. Hay una invasión de anglicismos, y no sólo en nuestra lengua, sino aún más en otras como el alemán, el francés o el ruso. Algunos son, digamos, innecesarias porque existen ya vocablos castellanos que expresan lo mismo y su empleo denota simplemente pereza mental o simple aceptación de esa colonización cultural”.
"¡Guau! El análisis está más que interesante... ¡Qué 'flash'!" me dice Jorge, sin percatarse de que estaba metiendo un bocado "enemigo" en la búsqueda de respuestas ante la situación planteada. Es en ese momento cuando le digo que es difícil, que hay cuestiones que están muy interiorizadas en la forma que tenemos de expresarnos habitualmente. Entonces le digo que busque material de Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español de principios del 1900. Es inevitable, pero le recomiendo que lo "googlee". La lengua es un organismo vivo, dinámico, y como escribió Unamuno, que era enemigo del proteccionismo lingüístico, "ningún idioma puede llegar a ser de verdad culto sino por el comercio con otros, por el libre cambio". Y de hecho, desde siempre unos idiomas han tomado palabras de otros, las más de las veces, sin embargo, adaptándolas al genio particular de la lengua en cuestión, como ocurrió en su día con las palabras que el castellano tomó del árabe, del francés, del italiano o del propio inglés.
“El idioma es nuestra patria” decía el actor Imanol Arias, durante una entrevista realizada hace un par de años en la TV Pública. “Nací en España, pero soy argentino. Y también me identifico con todos los países donde puedo hablar a mi manera” remarcó el actor. Si lo entendemos, nuestro territorio puede ser muy extenso. Si lo exageramos, podemos llegar a sentir una invasión permanente, de la que seguramente vamos a salir averiados. La pertenencia no debería afectarnos en la mezcla. Hacemos un “break” y lo seguimos debatiendo cuando quieran…