Sergio Agüero tuvo un muy buen nivel en el amistoso ante Rusia y suma puntos para ser el nueve titular de la selección argentina, puesto que está vacante en la era Sampaoli.

Por Walter Vargas (Agencia Télam)

El buen partido jugado por Sergio Agüero en Moscú tiene el valor adicional de separar las aguas entre las sentencias de tertulias de bar y un análisis periodístico más o menos riguroso.


Del grupo de los jugadores de mayor tiempo en la selección argentina, los que como mínimo tienen un par de Mundiales sobre el lomo, en algunos casos tres, el Kun Agüero es el más cuestionado por la comunidad futbolera y si no fuera el más cuestionado en todo caso la pelota pegaría en el palo.


Salvo, conste, la enorme mayoría de los hinchas de Independiente, sobremanera los jóvenes que lo conciben como un ídolo, o algo así, y una estrecha franja de seguidores de otros clubes que ponderan de una forma especial una trayectoria relevante.


Es que, además, tal como pasa con Ángel Di María, Gonzalo Higuaín, ni hablar con el mismísimo Lionel Messi, el goleador del Manchester City goza de una significativa valoración en el resto del planeta con un natural epicentro en Europa, que es donde ha escrito una buena historia en el Atlético de Madrid e historia grande en la Premier League.


De los cuatro mencionados, eso sí, el de rendimiento más bajo en la Selección ha sido él, Agüero, y desde hace unos cuantos años con excepción de la Copa América 2015.


Pero resulta que el sábado volvió a ser titular con la camiseta albiceleste y amén de responder de forma positiva a la apuesta de Jorge Sampaoli, hizo quedar bien a su entrenador en el cuadro “Ciudadano”, Pep Guardiola, quien desde hace rato advierte y subraya que Agüero es hoy un jugador más integral, más completo, menos pendiente de la terminación de la jugada que de ofrecerse como pivot o descarga, una pieza más en el rompecabezas ofensivo.


Y no es que haya brillado sobre el helado césped del estadio olímpico Luzhniki, bastante lejos de eso, pero por cantidad y calidad de sus intervenciones y la decisiva influencia del gol fue un punto alto y por alto destacable.


Es aquí donde cabe tomar prudente distancia de la incontinencia verbal del hincha que cual el empleo de un salero reparte ocurrencias y etiquetas en las redes sociales, hábito que desde luego a menudo también cultivamos los periodistas especializados, porque no bajamos de un plato volador, porque también somos futboleros y porque en definitiva no estamos vacunados contra el despiste, la ligereza, la injusticia y la crueldad.
“¿Por qué no los hacés en los Mundiales, Kun?, fue uno de los tantos sarcasmos destinados al exquisito delantero que allá lejos y hace tiempo Oscar Ruggeri hizo debutar en la Primera de Independiente en clave de Guinness: tenía 15 años, un mes y tres días.
¿Por cuál poderosa razón Agüero debería ser encarcelado en una curiosa parcelación del tiempo? ¡El Mundial de Brasil fue hace tres años y el Mundial de Rusia será dentro de siete meses!


Ergo, los goles que no hizo ya no los hará y los que debería hacer en un Mundial acaso los haga en 2018, o no, pero en el presente, que es el único tiempo contante y sonante, acaba de brindar señales alentadoras, señales que sería ecuánime valorar con independencia de la simpatía que nos despierte.


Después de mucho tiempo el Kun Agüero ha dado la talla con la camiseta argentina y en rol que persiste en buscar dueño: he ahí la noticia que merece destacar en la agenda.


Allá ellos, los fiscales de café, los ajenos a toda explicación, justificación y responsabilidad, los que bajan o suben el pulgar con la misma facilidad que alzan el vaso cerveza y se llevan un maní a la boca.