El cambio climático afecta fuertemente a la producción de vino en Mendoza

El calentamiento global cambió las condiciones de producción; Menos agua, desplazamiento de las viñas y consecuencias por “inviernos suaves”; Cómo adaptarse.

 Por Horacio Yacante
El fenómeno del cambio climático ha dejado de ser un tema de preocupación solo para unos pocos científicos, sino que sus efectos tempranos ya están afectando a la producción vitivinícola argentina. Aumento de costos durante la cosecha, desplazamiento de las viñas hacia zonas más frías y empleo de sistemas de riego más eficientes componen la nómina de gastos que eran impensados una década atrás en el rubro.
Medio siglo atrás, se tenía la certeza que cualquier terreno fértil bien irrigado y con suficiente sol era más que suficiente para instalar una viña y comenzar un proyecto productivo mediante una bodega dedicada a la realización de vino. Sin embargo, hoy, la historia es mucho más complicada.
Tomás Hughes, que se desempeña como ingeniero agrónomo en las bodegas Nieto Senetiner, comentó que cada vez es más difícil encontrar un terreno apto para la elaboración de vinos de calidad. Esto se debe, en primer lugar, a que ya no es tan sencillo acceder al agua. “Antes, los turnos de riego se espaciaban cinco días y ahora tenemos que contar con turnos cada treinta o cuarenta”, explica.
La calidad del agua también es otra preocupación, ya que la cantidad faltante de la cuota que garantiza Irrigación, se extrae de las napas freáticas, y éstas están cada vez más contaminadas. “Muchas tierras ganadas al desierto tuvieron que ser abandonadas por esta situación y ahora tenemos perforar hasta 300 metros para obtener napas no contaminadas”, explica Hughes.
Estaciones cambiantes
Como resultado del calentamiento global, las estaciones también se han visto modificadas drásticamente y, si bien los seres humanos logran adaptarse con mayor facilidad, las plantas no lo viven igual.
Un ejemplo claro se da durante el invierno. Históricamente, Mendoza se caracterizaba por temporadas invernales con temperaturas muy bajas, pero en las últimas décadas, la “suavidad” de la temporada, ha afectado la floración de los frutales, y por tanto la calidad de la uva.
Esto ha determinado que las viñas se desplacen a zonas más frías en el Valle de Uco, donde el agua es más escasa y tienen que recurrir a sistemas mucho más eficientes, aunque más costosos e inaccesibles para los pequeños productores.
Pero, como indican el ingeniero agrónomo, no todos los problemas se solucionan reubicando los viñedos. El predominio de temperaturas superiores a los 35 grados durante los días de verano, provoca que las plantas se estresen y las cosechas se retrasen o se superpongan incluso entre distintos varietales, lo que requiere de una mayor presencia de recursos humanos y la inevitable multiplicación de los costos.
Eficiencia energética
Luis Romito, coordinador de la Comisión de Sustentabilidad de Bodegas de Argentina, instó a los bodegueros mendocinos presentes en el I Encuentro de Cambio Climático en Mendoza, a que avanzaran en un sistema de eficiencia energética que asegure la sustentabilidad productiva y que reduzca los costos operativos.
Una de las críticas que hizo hacia el sector bodeguero de Mendoza, es que “se construyen establecimientos como para dar conciertos y no con un criterio estrictamente productivo”. El ingeniero explicó que muchos costos se pueden reducir si se sustituyen algunos sistemas por otros más eficientes.
Romito agregó, que una forma de bajar costos y reducir la dependencia energética, se puede lograr con la instalación de paneles fotovoltaicos, que como mostró la experiencia llevada a cabo por la Bodega Terrazas, permite un ahorro de hasta el 24 por ciento del consumo de electricidad.

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