Después de intentar un fin de semana largo y didáctico

  ADVERTENCIA: todos los hechos y/o personajes de este pensamiento son ficticios.


 

ADVERTENCIA: todos los hechos y/o personajes de este pensamiento son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Por favor, no imitar en sus casas... si es que pueden evitarlo.

 No fue mas que un simple “mi amor, ¿puedo decirle a mi hermana que traiga a sus nenes para jugar con nuestros chicos?”. “Sí mi corazón, por supuesto”, dije yo. Fue lo peor que pude haber dicho. Sin saber lo que se venía. Se puede considerar como una prueba de amor, una muestra de civilidad y de buena convivencia.

Repasamos el todo. La mañana arrancó con una pequeña contractura. Pasada las dos de la tarde “Señor Contracción” se apoderó de mi persona. Decidí descomprimir con la siesta. A poco de las cuatro de la tarde, desperté. Estaba la previa del partido del sábado (sin identificaciones, para no herir a nadie). Y escucho: “me voy a comprar algo para tomar el té cuando vengan todos”. Respondo un “si mi vida, andá nomás”. Excelente. Hace 20 días que vengo comiendo no sé que cosa de yerba dietética con la excusa de la dieta de ella. Sólo mayonesa light y tostadas de gluten. Bueno, 4 y media de la tarde, llega mi cuñada, con sus nenes de 3 y 2 años. A los pocos minutos, ya había tres hermosas criaturitas deambulando por la casa, desparramando medialunas por todos lados. Las paredes inclusive. ¿Cuál es el lado positivo? Al menos tomé un café con leche. Frío, pero algo es algo.

 Terminado el entretiempo del partido, me interno en mi cuarto dispuesto a ver los 45 minutos restantes. Entre corridas, gritos, todos los artefactos a pilas funcionando al mismo tiempo y los nervios del fútbol, escucho que mi adorable mujer dice: “¿y por qué no lo llamamos al primo para que venga también a jugar?”. Se imaginan. Dijo que sí. A los pocos minutos, eran ya 4 los que estaban corriendo y contaminando auditivamente el ambiente. Pero eso no fue todo: a mi sobrino, lo trajo mi suegra. Así es. 

Continúo con el repaso de la situación. El partido que corría a un ritmo inalcanzable. Tres sobrinos, mi hija, mi señora y mi suegra. ¿Algo más? La hermosura de mi mujer, dice con total soltura: “¿vamos a hacer fideos para amasar con la maquinita de la prima?”. Se imaginan. Yo ni me acerqué al living, pero la harina se escuchaba caer al piso. Mi suegra, que ve menos que un burro por el agujero del traste, exclama: "me hacen esto en mi casa y me mato". Estuve al borde del familicidio. Decidí subir el volumen de la tele, y pensar que realmente hay cosas peores. La cosa no terminó tan mal.

 Pero, ¿no debería recibir un premio a la convivencia, al amor y la tolerancia? Suegra, cuñada, sobrinos, comida en el piso, harina. Debería ser premiado. Es tuya Juan, reclamala Juan, es tuya. Y si fuera en efectivo, debería compartirlo con mi cuñado y mi suegro. Dos maestros, se sacaron los paquetes de encima, y quedaron intactos. Me deben una, che. Se pudieron tirar en la cama, y se rascaron tranquilamente las tarlipes. Lo único que quedó fue hacer catarsis en la máquina. Todavía contracturado. Es que no puedo apoyarme en el respaldo de la silla. Está lleno de carteras, abriguitos y cositas.

 CONCLUSIÓN: todos los hechos y/o personajes de este pensamiento son eso: hechos y personajes. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Quémese después de leerse. Gracias.

 

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