Caso Lobos: la “mucama ñoqui” contó cómo les quitaban el dinero

En la primera jornada del juicio, testigos relataron cómo fue el entramado que involucra a la suegra del exintendente, María Elena Fernández, y a su esposa, Claudia Sgró.

Este lunes fue primera jornada del juicio contra Luis Lobos por defraudación en perjuicio a la administración pública en Guaymallén.

Los testigos que pasaron ante el tribunal contaron cómo fue el entramado por el cual la suegra del exintendente, María Elena Fernández, y la esposa del exmandatario comunal, Claudia Sgró, se quedaron durante cuatro años con el dinero de empleados que no iban a trabajar.

Laura Fara, “empleada doméstica” en la vivienda de la suegra de Lobos, relató que solo conocía al ex jefe comunal de nombre y a Sgró del barrio de los empleados de Comercio de Godoy Cruz.

Fara relató que ingresó a “trabajar” en diciembre 2015 en el área de Turismo de la Municipalidad y luego fue trasladada al departamento de Salud de la comuna. Agregó que en 2011 ejercía como personal de servicio en la casa María Elena Fernández y en esa época la suegra de Lobos le ofreció una ayuda económica. “Yo limpiaba casas y acepté porque no me alcanzaba para vivir”, dijo la mujer.

Como sea, la “empleada ñoqui” declaró que la primera vez fue al cuarto piso de la Municipalidad, firmó un cuaderno y luego fue a tesorería, lugar en el que le dieron un cheque para ir cobrar al Banco Nación.

La mujer relató que luego de ir al cobrar tuvo que entregar la tarjeta de débito a Fernández. “María Elena me dijo que con esa tarjeta se iban a beneficiar 4 o 5 personas más”, recordó Fara.

La mujer confesó que recibió el dinero hasta diciembre de 2015, cuando ingresó a trabajar de manera activa. Hasta entonces no había recibido ningún comprobante de la municipalidad y que incluso le pidieron hacerse estudios médicos que Fernández le sugirió que no se los realizara.

Fara comentó que en 2016, con la gestión de Marcelino Iglesias empezó la auditoría en la Municipalidad para analizar la planta de personal. Ella temió por su trabajo, ya que se basó en el corto periodo que llevaba trabajando y en una consulta con otros empleados descubrió que ella figuraba en los registros desde 2011. “Sentí mucha bronca”, dijo Fara.

Luego de la declaración, el exintendente señaló que Fara siempre supo que era empleada y que incluso recibió en varias oportunidades el bono de sueldo.

Pablo Müller (25), hijo de Fara, contó que Fernández les entregaba una ayuda económica a él y a su madre pero nadie le explicaba de donde salía el dinero.

En 2014 llegó la notificación de la Municipalidad para que se presentara a trabajar, pero no fue porque se le superponían los horarios con su estudio. “Tenía que preguntar por las vacaciones y me pareció raro”, comentó Müller de manera escueta.

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