A veinte años de su primera edición, vuelve a salir la desmedida y ambiciosa novela “La Historia”, un texto de más de mil páginas donde el autor recrea una civilización imaginaria.

Veinte años después de su primera y limitada edición, vuelve a aparecer el libro que Martín Caparrós considera más importante dentro de su vasta obra: “La Historia”, una novela ambiciosa y desmedida, de más de mil páginas, que recrea la historia de una civilización imaginaria, sus usos, sus costumbres, sus guerras y su cultura.

Cuando fue editada en 1999, por la editorial Norma, con 999 ejemplares numerados a mano por Martín Caparrós, “La Historia” costaba 50 pesos convertibles en librerías. Ahora, casi dos décadas después, y coincidiendo con el cumpleaños número 60 del autor, la editorial Anagrama publica y distribuye el libro, inconseguible a estas alturas, en la Argentina: su valor en librerías es de 725 pesos.

Caparrós escribió “La Historia”, un ejercicio de imaginación que fluye por siglos y latitudes, entre los 30 y los 40 años.

- Télam: Pasaron casi 20 años de la primera edición de “La Historia”. ¿Quién eras entonces, y quién sos ahora?

- Martín Caparrós: No releo mis libros, pero a este tuve que releerlo... para corregirlo y limpiarlo. Y me preguntaba todo el tiempo eso mismo. Esa lectura me produjo dos grandes extrañezas. Por un lado la más íntima: qué raro el tipo que escribió esto, quién sería. Y por el otro más general: qué raro este libro, este texto... en una época que todo se parece bastante, este no se parece a casi nada. Supongo que era alguien más ambicioso, en varios sentidos. Más ambicioso porque me planteé algo desmesurado, como es este libro. Pero también porque había una cantidad de cosas que ambicionaba, por no haberlas alcanzado. “La Historia” es mi gran escuela de escritura. Ahí encontré algo parecido a un estilo, que después utilicé en mis otros libros. Ahí aprendí a escribir.

-T: ¿Realmente te llevó una década de trabajo?

- M.C.: Durante casi diez años lo más importante que hacía era esto. Hice otras cosas en el medio, pero lo constante era este libro. A mí por lo menos escribir una novela me sirve para darle un marco al caos del mundo. Un orden. Todo lo que ves, pensás, se te cruza, cuando estás escribiendo una novela ese hecho te permite ubicar esas cosas, y darte la ilusión de que existe un orden.

- T: El libro es un enorme ejercicio de la imaginación... una imaginación hasta de otra época. ¿Cómo creés que leería un joven lector contemporáneo este libro enciclopédico, pero concebido en una era pre Internet?

- M.C.: Bueno, antes de Internet había libros..., y de todas maneras seguramente lo que hoy podría parecer lo más afanado de algún sitio es lo más inventado. Hay mucha falsa erudición borgeana ahí, de algún modo. Por un lado muchas veces pensé que esta era una novela que podría haber sido hipertextual, haberse armado con un sistema de links e hipertextos... pasa que la escribí mucho antes de eso. Y tuve la tentación de transformarla en eso, hacer una edición digital. Creo que nunca en mi vida me la pasé tan bien inventando. Con respecto al tema de la imaginación... a mediados de los 80 yo había escrito tres novelas, y tenía la sensación de que no sabía inventar nada. Y recuerdo muy vívidamente una tarde en un pueblo de Segovia donde yo solía irme a escribir, estaba terminando “La noche anterior”, y una tarde se me empezó a ocurrir una historia disparatada sobre un templo griego en Sicilia, y empecé a escribir, y a partir de ahí se me empezaron a ocurrir cataratas de historias, de invenciones.

- T: Varias veces dijiste que este era el libro que más te importaba, y el que menos se había leído. Ahora que volvés a reeditarlo después de 20 años, ¿pensás en su recepción, en sus diferencias, en cómo lo podrían leer lectores actuales?

- M.C.: La verdad, me gusta que el libro esté ahí, pero yo no puedo hacer nada... ya bastante trabajo me dio escribirlo. De vez en cuando me pasa que abro una página cualquiera, al azar, y releo un par de párrafos, y me da mucho gusto. Pero eso es todo.