Productores vitivinícolas del este denuncian que grandes bodegas ofrecen pagar la uva a precios inferiores a los del año pasado. Desde Aproem no descartaron medidas de fuerza.

Al mal momento que atraviesa la industria del vino, con números alarmantes como los del consumo interno que registraron una caída del 5,4% durante 2017, dato que algunos se animan a señalar como el peor de los últimos 50 años, se suma el malestar y preocupación de cientos de pequeños y medianos productores vitivinícolas frente a los bajos precios que ya empezaron a ofrecer las bodegas por cada kilo de uva.

Según información de la Asociación de Productores del Oasis Este de Mendoza (Aproem), la oferta de precios de esta temporada se ubica en un 20% por debajo si se los compara con los del año pasado y para el caso de algunas uvas como variedad la Aspirant Bouchet, que se utiliza comúnmente para aportar color a los vinos tintos, la caída en el precio alcanza al 50.

La situación genera malestar pero también mucha preocupación entre los productores que no solo pierden rentabilidad por los bajos precios sino que además en los últimos años sus costos se han incrementado considerablemente, sobre todo, en lo relativo a la mano de obra, combustibles (principalmente el gasoil), la tarifa eléctrica -que incide directamente en el costo operativo del riego ya que en muchos casos agua se extrae de pozo- a lo que debe sumarse, además, la variación del dólar que encarece el valor de los insumos y la presión impositiva.

Al respecto Grabriela Lizana, presidente de Aproem, dijo que “todo esto hace que los costos suban en forma exorbitante, a veces más que los índices de inflación. Ni hablar lo que nos afecta la forma de pago donde nos están ofreciendo pagar recién en junio a seis meses y sin contrato”.

Con respecto a la pérdida de rentabilidad señaló que actualmente el porcentaje de ganancia de un productor, sobre la venta de un vino en góndola, es tan solo del 10% cuando en otras épocas llegó a ser de un 40 y un 50%. En pocas palabras, quiere decir que sobre la venta de una botella de vino a un precio de $100, al productor sólo le corresponden $10. Lo que está claro es que los empresarios tiran para abajo el precio de la uva pero de ningún modo esto quiere decir que después vayan a bajar el precio de la botella en góndola.

Los dardos no solo fueron para los empresarios bodegueros sino también para las instituciones que los representan como COVIAR, ACOVI, Bodegas de Argentina o la Unión Vitivinícola a las que Lizana consideró como “instituciones totalmente tomadas por los grupos oligopólicos” y “que son los mismos actores que desde hace 30 años manejan la vitivinicultura y nunca han representado los intereses de los productores”.

Otro actor de la trama es el Instituto nacional de Vitivinicultura (INV), organismo responsable de realizar el pronóstico de cosecha que es un indicador central para definir el precio de la uva que debería conocerse por estos días aunque desde Aproem creen que se difundirá cuando los precios ya estén fijados.

Consultada sobre el contexto político y las perspectivas en cuanto a lo que pueda incidir el gobierno provincial en la fijación de un precio de la uva que le sirva al productor, Lizana destacó que el año pasado cuando subió el precio del vino el gobernador Cornejo dijo que había sido gracias a las políticas públicas que se habían instrumentado, cuando en realidad, el precio había subido porque tuvimos la cosecha más baja de los últimos años. Además agregó que “estamos pensando alguna forma de manifestar nuestro descontento y darle visibilidad a todos estos abusos”.