Álex de la Iglesia: “El mundo es un caos salvaje y somos nosotros los que le damos sentido”

El cineasta español , dueño de una extensa filmografía de estéticas y narrativas muy distintivas en la que sobresalen “El día de la bestia” o “Balada triste de trompeta”, celebró en charla con Télam que exista “una especie de marca” propia que el público reconoce y definió su cine como un “nihilismo alegre”.

“Cuando las cosas se convierten en algo terriblemente grotesco e inverosímil de repente dicen ‘esto es una película de Álex de la Iglesia’, y eso no me parece mal, pues quiere decir que me acerco a la realidad”, dijo el director, de paso por Buenos Aires.

- Télam: ¿En qué se parece tu cine a la realidad?

- Álex de la Iglesia: Lo que verdaderamente no es real es la realidad, esa sensación de que las cosas tienen sentido. El mundo es un caos salvaje y somos nosotros con nuestra mirada los que le conferimos sentido. O somos unos tíos “cojonudos” y pensamos que la vida es maravillosa y que todo es perfecto y que al final vendrá alguien y nos salvará, o somos personas amargadas y pensaremos que no hay salida.

- T: ¿En cuál de los dos te encasillarías?

- A.I.: Yo participo de un nihilismo alegre. No creo en absolutamente nada y eso me da una alternativa de imaginarme un mundo feliz con amigos con los que podemos disfrutar de películas y de libros, entendiendo que en cualquier momento entrará la policía y nos detendrá a todos (risas).

- T: ¿Se puede enseñar el proceso creativo de hacer películas?

- A.I.: No lo sé. A mí me gustaría contarle a la gente cómo son las cosas, pero si te lo explican no lo haces. Si te explican lo difícil que es tener un hijo, no lo tienes. Es muy difícil también explicar la felicidad que supone superarlo, porque supone aceptar un dolor previo. Pero si lo superas, la recompensa es increíble. Eso sí me hubiera gustado que me lo hubieran contado.

- T: ¿Qué te hubiera gustado saber cuando comenzabas en el cine?

- A.I.: Alguna vez me han preguntado qué le diría el Álex de ahora al Álex de entonces, y no tengo ni idea. “Ten cuidado”, le diría (risas). Es que no lo quiero asustar, porque las mejores cosas que ha hecho el Álex antiguo, las ha hecho por ignorancia. Se ha enfrentado a todo sin tener ni idea de las consecuencias, y creo que aunque le haya ido mal está bien, porque si el conocimiento genera inactividad no sirve.

- T: Ese Álex del comienzo venía del mundo de la historieta. ¿Cómo influyó ese formato en tu cine?

- A.I.: Los que más me gustan son los de la línea clara, la franco-belga, como Hergé (“Las aventuras de Tintín”). Lo que se dice está dentro de un globo, no hay más fuera del discurso que esto y el personaje está definido por una línea y lo que no es el personaje es el fondo. Entonces de pronto descubro que esa claridad es lo que me hace hacer las cosas como las hago.

- T: ¿En qué sentido?

- A.I.: Me gustan los personajes que se puedan definir con dos o tres frases y que tienen un arco evolutivo muy claro. Porque se entiende lo que quiero contar, tiene una forma muy ilustrativa.

- T: ¿Solés empezar por el personaje antes que por la historia en la que está inmerso?

- A.I.: Es una mezcla. Normalmente ves una secuencia, como en “Muertos de risa” (1999): dos personajes se dan bofetadas y se dan cuenta de que el público se ríe, y cuanto más fuerte la bofetada más se ríe la gente, hasta que se matan. Bueno, eso es una peli.

Comentarios